Monthly Archives: Septiembre 2015

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Su rostro recuerda a las crías de agosto que comienzan a experimentar. El casi afro, la tez tersa, todo el cliché del que en edad amenaza a quitar el puesto a sus veteranos.

Pide café y fuma prematuramente, conoció a la prima porque en provincia y a principios de los noventas fueron juntos al jardín de niños.

Así de joven es. Pero el tema de su vida es la preocupación que carcome a los hombres adultos.

El niño vive enamorado del cuerpo de las mujeres.

El zarpazo lo da con lentitud probando el temple de quien se ha quitado la ropa y enfoca sólo cuando se lo permiten.

Hizo de FotoAdicta un catálogo de mujeres jóvenes moldeadas en foto que quieren mostrar lo desnudas que pueden llegar a ser en escenarios repetidos; típicos cuartos de adolescentes veinteañeras o con más libertad, las azoteas con ganchos de colores que llenaron las fotos de los primeros dosmiles.

Sólo por esta vez, con ocho años a la delantera, el fotógrafo se intimida por las modelos.

 

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https://instagram.com/miguelmorteo/

 

A.C.

1:50 pm, 35 grados, hambre post colegio, sólo quiero llegar al aire acondicionado, no el de mi casa, nunca lo tuvimos, sino el de la camioneta blanca de mi papá.

En mi familia hay constantes.

Los ojos de Ale, mi mamá y Gaby cantando t o d a s las canciones de principio a fin  y mi papá con el jeep (después) camioneta (ahora) auto blanco regresando del campo color terracería.

No es el polvo urbano de la autopista que lleva a Santa Fe o a Polanco, o el dejo de la lluvia ácida característica del D.F.,  es la tierra con piedras del campo que con una pizca de humedad se hace lodo y misteriosamente aparece en el volante o en la manija para bajar o subir el vidrio.

Me subo a unos escalones y trato de ubicar al único auto que fue al campo.

Y ahí está mi papá, con sus Ray Ban escuchando las noticias con las ventanas cerradas.

Corremos al auto, nos subimos. Esta vez le toca ir a Gaby adelante, yo me ubico estratégicamente al medio, me cruzo y sintonizo la dirección del aire acondicionado hacía mi.

Son veinte minutos antes del choque climático que tanta falta me hace.

Englischer Garten

 

No olvidaré la música durante los paseos que dimos en su segunda patria.

De tres, de un concierto a hurtadillas, atrás del Englischer Garten éramos dos los que hurtábamos asomando la cara por entre las rejas de un ordenado y laberíntico perfecto jardín.

Que ese no era el Englischer Garten; pues a mí me lo pareció.

De noche, en jeroglíficos, con cansancio, todo aquello no podía ser otra cosa las piedras de río crujiendo bajo mis pies.

Llegué por primera vez a Munich creyendo que la música del parque eran los cd’s que de chica escuchaba frente a las barras en las que dejé todo el ballet que mi desgastada adolescencia resistió.

Rigidez que da soltura es perfección.

Todo lo alemán, está bien hecho.

Y sí, supongo que él, que se hizo en ese suelo también, a veces, lo es.

 

La delicia de buscar, escoger y luego, comprar

-Dígame, ¿en qué la puedo ayudar?

-Busco un regalo.

-¿Qué le parece?- Dijo apuntado a uno entre el montón.

-Mmmm no.

-Mejor aquel.

-¿Quiere probárselo usted?

-No, no, no. Yo soy muy blanca y ella está bronceada.

Mil Gatos Ella se titula mañana y no puede andar por la vida sin un artefacto especial, de esos que el simple hecho de abrirlos implica un ritual, darles un espacio y adaptarse al objeto y no al revés.

-Mire, éste se ve divino y sienta bien.

La señora del local sin pensarlo dos veces hizo que probara el objeto en cuestión, y fueron tres segundos de una concentración y un sentir de piel chinita que sólo provoca el pastel de chocolate que prepara mi hermana.

-Para regalo por favor.

-Claro señorita.

Papel crepe, un listón blanco y una cajita.

-Muchas gracias.

-A usted.

De la tienda a mi auto sentí que volaba.

Cc Constanza.

Una chica deliziosa*

La claridad cede el mando a quien observa.

La acidez de las reuniones se detuvo al descubrir en la languidez de las horas de las comidas la manera en la que un hombre, quizás de los años cuarentas, se relaciona con los que se sacuden de los hombros lo último de los inexpertos veintes.

Profesores marchitos,

irreparables

hombres

solos.

Lo que muchos se cuestionan como una amistad improbable, en ocasiones sirve de mirilla para comprender los pasos de los que comparten la edad con la de su propio padre.

Hombres respetables condensados en uno sólo:

diluir aspirina en vaso de agua por aquello de la densidad de la sangre

solicitar al mesero una luz especial para descifrar el menú

pedir ayuda para usar el celular con teclas demasiado pequeñas.

Para un viejo, la dulzura es la relación más simple y sincera con la que se puede relacionar con aquello que afortunadamente

ya no alcanza.

*dulce.

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