Mónica

Sólo hace mucho, cuando me invitabas en sueños a pasar del otro lado de la barda y yo te decía que no porque todo parecía muy real, volvías a aparecerte en mi vida.

Hoy te escuché en el metro, Mónica. Te llamó un chico a gritos para que no lo perdieras en el vagón. Un chico que podría haberte llamado desde tu auto si alguien de los adultos que siempre nos rodeaban te hubiera hecho comprender que la vida era más que dejarse ir y perseguir a tu hermano adorado atrás de aquella pared.

Mismos síntomas físicos, Mónica, agresiones diferentes

-¿cómo lo lograste?

La papeleta del médico indicaba un estómago herido pero sólo a uno de ustedes dos el golpe de una piedra le rompió la cabeza por completo. Los Porkys todavía no estaban politizados y tú todavía no salías de la fiesta.

No sé si los viste, Mónica, pero incluso el médico fue, caminó junto a nosotros hasta tu prematuro terruño, él también estaba consternado: dos hermanos, misma edad, agresiones diferentes.

-Igual que el hermano, el estómago deshecho

le oímos decir Arturo y yo al hombre del folder.

En el cuarto de la universidad -dijeron tantas cosas-encontraron cartas y dibujos de pájaros a los que llamabas:

-Mi hermano ya viene por mí.

Y te alcanzó.

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