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Paulina

Para llegar hay que prepararse muy bien.

Poner la mente en blanco y llenarla de música, de recuerdos y detenerse en el momento justo para comenzar. 

El mío es un día en la playa. Pongo el cuerpo en neutro, acomodo mis pies y elijo el color de mi traje de baño. La vista de la habitación está frente al mar, hace calor, pero por momentos el clima cambia hasta el punto donde el cuerpo puede enfriarse un poco y recomenzar. 

Ese día llegué en un Jeep negro con un playlist diseñada al momento. A partir de aquí se debe de comenzar a hablar en presente.

En la cajuela llevo todo para estar cómoda el tiempo perfecto para desaparecer y volver a la ciudad tan libre como nunca lo he sido antes.  

Tengo mi propia selección de películas para ver cada noche antes de dormir. Aquí, nadie me molestará.

Llego y la brisa de la mañana me recibe desde el camastro que elijo bajo una sombra frente al mar.

De pronto, un ruido interrumpe mi desayuno.

-eso va a doler un poco, eh.

Me sirvo un poco más de margarita en mi vaso escarchado.

Unas gaviotas volando en V me reconocen desde lo alto y brindamos.

Abro los ojos y el dentista ha terminado.

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