Author Archives: tresdeleila

Un frasquito italiano

Subir de peso, hincharse de calor, despertar con sarpullido; salir de casa pisando una banqueta ardiente, llegar al mostrador sosteniendo en mano una talla que en ese momento la cajera te dice, con un vistazo a tu pecho, que esa medida no te quedará y pensar, después de esa recriminatoria mirada que lo mejor habría sido quedarse en la habitación a trabajar, arruina toda idea de “Una Italia de glamour”.

 

Pensar en venir a Italia, idear comprarte un boleto, llenar una maleta, no te hace ser italiana.

Primero hay que venir a Italia muchas veces, recibir una recriminatoria mirada por cada vez que se está acá y después, mucho tiempo después, interiorizar que es mejor no ser italiana y, en cambio, mantener latiendo delicadamente tu corazón.

 

El glamour de aparador, aquél que no puedes tocar siendo turista es mejor que ni te alcance viviendo aquí. Para prueba de ello está el bálsamo destilándose en forma de sudor por entre las piernas de una italiana, ésa, la del short de nueve euros, que te hace a un lado por entre los pasillos del súper y que con la mirada te dice: no me gusta tu vestido.

 

Rubias, ojiazul, piernas bronceadas tonalidad oro, cuerpos por los que tus compatriotas hombres sueñan dejarían en un típico arrebato ignorante a la familia que tienen al lado; las mujeres italianas detrás de su reinado llamado “mostrador” olfatean los pequeños errores de vocabulario y te dicen en todo su esplendor con una a todas luces no inocente pregunta:

 

“¿Inglés?”

 

que

 

“Tú,

no eres

de aquí”.

 

 

Italianas.

La mirada de Sofía a Jayne en frasquitos portátiles.

Despeinada

Alguna vez leí que un corte de cabello si es drástico, implica cambios.

Desde hace un año está en crecimiento. Lo cual no resultó tan fácil.

Dejé de usar shampoo y cremas del supermercado, me fui a lo orgánico y más caro, que sí tuvo un buen efecto, pero no por mucho tiempo.

El cabello creció y así juntos nos enredamos.

Recurrí a técnicas del pasado, a peinarme en la ducha, a usar diferentes shampoos, incluso pensé en dejarlo de usar, pero no, mi cabello es muy grasoso.

Consideré en comprar uno de esos peines que planchan el cabello, los vi, pero no, esa no soy yo….aún no.

Me acostumbré a su constante caída, a su desteñido naranja y a su delgadez.

Sí lo amarro, sí a la cola de caballo, sí a las pirañas, pero también lo dejo ser, quiero que crezca y con el tiempo se haga fuerte. Con el shampoo que compré en una barata y con el peine que me recomendaste, funciona, aunque cada tanto lo tanto lo tengo que limpiar, porque a diferencia de los anteriores, este no esconde la suciedad.

El cabello crece, mis problemas también, y así los tiño, los enredo durante el día o entre sueños y al final sé como desenredarlos: cierro los ojos, batallo con los nudos, tarareo la última canción que sonaba al apagar la ducha, tiro los cabellos y sólo me quedo con los que quieren ser.

Narciso Contreras entra a Siria

Narciso Contreras en Franja de Gaza 2014 Foto: Ryoji Fujiwara

El presente texto contiene imágenes fuertes

***

–Este es uno de los productos más dañinos -dijo mientras vaciaba un sobrecito de azúcar blanca a su café y sacaba otro cigarro de su cajetilla de Delicados. Vestía un abrigo negro, una playera blanca en V y unas botas de batalla.

-¿Seguirá pensándose en el desierto? Los minutos estaban contados así que apresuró las nimiedades de una plática casual con una pregunta inquisidora:

–¿De dónde sacaste las fotos? No te apures, lo preguntaba por la resolución de la imagen, nunca las había visto impresas en este formato. Dime.

¿Qué se hace cuando un ganador del Pulitzer cuestiona la impresión de una de sus fotos?

Los interlocutores titubearon por un momento. Era de noche, un cuchillo de aire lo enfriaba todo; apenas comenzaba noviembre de 2013.

***

The people want the regime to fall. Dos años atrás, en 2011, un graffiti provocaba el despertar de un León. Quince chicos, una pinta y una noticia oficial fueron suficientes para interrumpir la siesta de los reflectores internacionales del forzado heredero del primer Assad. La policía, bajo el mandato de Bashad Háfez, aniquiló a los muchachos. El que alguna vez fuera aspirante a oftalmólogo habría debido recolocarse las gafas para que la hasta entonces inocente frase no se convirtiera en La madre de todas las batallas; esa medusa medioriental  asumida por rebeldes sirios y convertida en quimera, sinónimo de la mayor crisis migratoria mundial.

***

–Tienes veinte minutos –aseveró alguien y dio start all cronómetro del iPhone.

–Y bien, ¿de dónde sacaste la foto?

¿Qué se hace cuando un ganador del Pulitzer cuestiona la impresión de una de sus fotos y encima vas y le pides que de primera mano te cuente la anécdota? Existen dos opciones: perecer o sobrevivir. Ahogarte en una ola de vergüenza revolviéndose las entrañas o hacer de esa misma ola un ligero movimiento en la silla reacomodándote imperceptiblemente el estómago y, como si nada, continuar. Yo sonreí. No recordaba de dónde había sacado la foto.

***

Digamos que en el nombre se lleva la penitencia. Se para erguido, con la frente en alto, fija los ojos mientras habla, parecieran movimientos y palabras precisos como los de alguien entrenado para no dejar mirarse dentro. Un juego de pantalla difícil de distinguir para un amateur pero sencillo para alguien de los que también han sobrevivido a mucho.

Como mecha explosiva, la carrera profesional de Narciso Contreras se encendió en 2010. Apenas en 2012 ya posaba en la premiación junto a cuatro fotorreporteros más: Rodrigo Abd, de Argentina, Manu Bravo, de España, Khalil Hamray, de Kuwait y Muhammed Muheisen, de Jerusalén: eran los galardonados con el Premio Pulitzer en la sección Breaking News 2013 sobre el conflicto en Siria.

El mismo año en que estalló en los periódicos la guerra que destruiría para siempre los paisajes de Sherezada, un mexicano desconocido de 37 años vivía tranquilamente en  un monasterio de Vrindavan, al norte de la India, dedicado a estudiar y fotografiar a las comunidades religiosas del norte de India. Luego, como los mismos vuelcos de los relatos maravillosos decidió que las revueltas árabes de Túnez y Egipto que acabarían con los mandatos de Ben Ali y Hosni Mubarak merecían su total atención. Y también él, ¿por qué no? merecía una total atención. Comenzaron las publicaciones en todas partes: Knack Magazine, Reporters Without Borders, Standard Magazine, Time, Time-Lightbox, Sea-Globe, The Wall Street Journal, Caxin…

Dos años después del 15 de marzo de 2011, el día en que el escándalo del graffiti en Da’ Ar concretó la guerra de Siria, nadie en la AP aceptaba adentrarse por segunda ocasión al país árabe, pero Narciso Contreras, aquel que le teme a las maldades del azúcar blanca, aceptó.

Quizás lo hizo con la misma templanza con la que asume su relación con la fotografía, a la que describe como encuentro espiritual o con la absoluta honradez con la que reconoció ante su editor la alteración de una de sus fotografías que en el 2013 le costó el escándalo mundial así como cancelar sus colaboraciones como stringer en la agencia con la que ganó el premio Pulitzer.

Todo el trabajo fotográfico de Narciso Contreras de la AP —500 fotografías analizadas— fue sometido a un severo escrutinio por la agencia, el resultado, aunque enaltecía, hundía de cualquier manera la figura pública del fotógrafo.,ninguna otra resultó estar modificada. La luminaria se apagaba como el artificio.

El error que apenas menciona contrasta con la forma en la que se muestra como creyente.

Hare Krishna, el mantra con el que Narciso firmó su disculpa por haber borrado digitalmente una cámara porque “distraía la atención del público” acompaña también casi todo comunicado que emite en cualquier sitio. Hare Krishna, para rematar el texto de sala de alguna exposición, Hare Krishna, para celebrar el premio Carmignac de fotoperiodismo que recibió en 2016 con la serie Human trafficking in Libya.

***

–Quien entra a Siria, sale muerto –se escuchaba decir a los editores en el tiempo en el que Narciso Contreras, García Vilanova y Javier Espinoza entraron de nuevo a la zona de combate.

De alguna forma los editores tenían razón. Después de esa ocasión, Vilanova y Espinoza acapararon el 16 de septiembre de 2013 los tabloides internacionales con la noticia de haber sido secuestrados por fuerzas de Al Qaeda; la siguiente noticia en marzo de 2014 anunciaba que estaban vivos. El peligro, el exilio y la muerte de los periodistas se expanden como una mancha.

En la página web Committe to Protect Journalists se despliega el encabezado de junio de 2015 Exiled: When the most dangerous place for journalists is your country  muestra a periodistas sirios que se dedican a cubrir el conflicto de su país amenazados durante años por el gobierno de Bashar Al Assad: Yasmine Merei, Mohammad Ghannam, Bassel Tawil y Awad Alali. 83 es el número total de periodistas caídos durante el conflicto desde 2011 hasta la fecha.

***

El conflicto en escenas:

El ejército Libre Siria (ELS), unido a los grupos opositores: el Consejo Nacional Sirio (CNS) e incluso, los comités locales de coordinación (CLC) comienzan luchando contra el régimen de la Liga Árabe de Bashar Al Assad para lograr democratizar el país.

Después el líder de Al Qaeda, el ex preso estadounidense Abu Bakr Al Bagdadi crea la organización hermana Frente Al Nusra (a su vez lidereada en la región por Abu Mohamed Al Golani) para la “Liberación de los Pueblos de Levante” dedicados a realizar atentados contra los rebeldes opositores al gobierno de Assad.

Luego el mismo Abu Bakr Al Bagdadi  se autodenomina Califa Ibrahim y anuncia a todos los musulmanes ser su líder. Las muestras de su poderío lo expone en Youtube: crucifixiones y decapitaciones bajo el mandamiento del El Corán a todos los que hacen la guerra contra Dios.

En un intento por comprender el conflicto desde el lugar y el momento donde se gesta, Vera Miranova, de la Universidad de Maryland, se adentró junto con un equipo de encuestadores a cuatro sitios representativos del conflicto: Alepo, Idlib, Estambul y Jordania.

De puerta en puerta, abastecidos con una treintena de preguntas, el equipo levantó encuestas a los grupos de población sirios entre hombres y mujeres, es decir: civiles, combatientes del ejército rebelde, los que defienden el régimen y refugiados; casi medio millar de personas en total. Todo lo anterior en un lapso de tres años y en tres diferentes periodos, dividiendo la serie de preguntas con las cuales les habrían podido azotar la puerta. Pero no.

El resultado: “los refugiados están hartos” dice Mirinova en una entrevista hecha en la Gazette sobre su proyecto Voices of Syria; la encuesta arrojó también la postura de un ejército rebelde dispuesto a negociar mientras que los militantes del Islam se mostraban más reacios.

Y la guerra va.

***

Un juego de palillos cae sobre la mesa. Se despliega el laberinto bélico.

Para Narciso lo que importa es la preparación.

Fueron en total dos años de paciencia los que le tomó a Narciso descifrar la manera de adentrarse a Siria. La estrategia de sacar el palillo negro de la enredadera apenas comenzaba.

La cama como alfombra se llena de objetos. Dos maletas para llenarlas con cámaras, lentes, medicinas, máscaras antigás, equipo de plástico para exposición de armamento químico, laptop, diez mil dólares en efectivo, cables. Además un entrenamiento médico y de sobrevivencia. Logística, prevención, plan de contingencia. Fixers, chofer, guardaespaldas y camionetas. Seguro médico y tres contactos externos entre agencias y un contacto personal. Reportarse cada ocho y doce horas, confiar en su equipo y lograr la historia. El objetivo de Narciso: los civiles.

–El editor va a observar la manera que ustedes resuelven una fotografía. Ustedes dicen: Es mi tema, quiero hacerlo bla bla bla” pero la foto, me atrevo a decir, requiere de una infraestructura con cobertura. El 90 o 95 por ciento de esa cobertura es la infraestructura, la preparación, los recursos, la planeación y toda la logística que requieres para estar ahí. Esa es la foto.

Si no lo logras –añade Narciso– Es como si te patearan cien veces en donde más duele.

Y para recrudecer la sentencia, frente al grupo de fotoperiodistas expectantes, Narciso vira contra sí mismo la cámara y apunta para jalar el gatillo. Frente al grupo, cita al crítico y fotógrafo francés Clemente Bernad  en voz alta:

“(La fotografía) puede hacernos creer cualquier cosa porque juega con la incredulidad del lector.”

***

Alepo la estratégica, la de la frontera con Turquía, la que abría camino para la producción industrial y empresarial continúa desfalleciendo entre disputas de poder ahora entre Rusia y Estados Unidos. La ciudad del norte resiste sin agua, sin comida y casi sin gente. Tan sólo la idea de la caída de Alepo representa el golpe decisivo de cualquiera de los grupos que la asedian.

El pie de foto de la imagen sobre la que Narciso Contreras pedía en ese primer encuentro explicación (la misma que fue rechazada por Time por “ser demasiado explícita”) se lee así en el photobook del mexicano:

En este martes, 23 de Octubre de 2012, civiles sirios, un hombre y un niño, llegan a un hospital en Tarik Al-Bab después de ser malheridos en un ataque hecho con mortero en una edificación en el barrio de Za’ar al noreste de Alepo. (AP Photo/Narciso Contreras).

En realidad la foto es todavía más impresionante: cuatro personas de pie, dos cuerpos inconscientes- un niño a la derecha y un hombre a la izquierda- ambos desfallecidos y envueltos en un halo  de ropas rojas y de sangre están a punto de ser arrastrados sobre la batea de una improvisada ambulancia, el metal grisáceo del camión se entremezcla con el del pavimento maltratado, los cuatro socorristas que luchan contra el peso de los cuerpos transpiran ansiedad.

ap-photonarciso-contreras

El plano en cenital: la escena vista desde el tercer piso de un hospital del barrio de Za’ar bombardeado y perturbado por un remolino de fotorreporteros. Narciso huyendo del frenesí de sus colegas decidió explorar las ruinas y miró de arriba hacia abajo.

–Quería que fuera una imagen que se publicara sobre la guerra en Siria porque es muy fuerte, muy gráfica pero no terriblemente morbosa. Describe a un civil herido con una pierna semi mutilada por la explosión de un mortero y un niño muerto a los que no se les ve el rostro. Toda la escena es bastante dramática, mucha sangre, o sea es fuerte, ¿no? Un amputado, un mutilado, es fuerte y un niño arrastrado con los rastros de sangre de la cabeza. Es fuerte. Creo que es una imagen muy fuerte. Nadie la quiso publicar (entonces).

***

Aunque habían pasado ya varios meses desde que Narciso Contreras en las instalaciones de la agencia Círculo Rojo insistiera en saber de dónde había obtenido la fotografía publicada en Cuartoscuro, la imagen en Internet de su silueta se seguía repitiendo. A lo lejos se ve que medirá quizás un metro con setenta y pico. Está al aire libre como en espera de algo. Calza botas todo terreno, pantalón cargo color gris deslavado y una camisa negra pegada al cuerpo con manga larga cubre sus brazos.

Naturalmente cuelgan a los costados las cámaras con la que trabaja y da talleres. Mira hacia su lado derecho y sonríe, una sonrisa como la de quien se sabe observado pero que a la vez algo le dio risa. Al fondo una banca de madera pequeña y con techo de toldo verde; junto a él, dos hombres morenos, uno parado y otro acuclillado con ropas ligeras miran la escena de la vida cotidiana. Narciso Contreras está relajado. Podría parecer que para sus adentros repite: Oh,Hare Krishna.


Texto extraído de

 http://cultura.nexos.com.mx/?p=11329

La calle de John Cane

Ilustración: John Cane

Los restauranteros compran mojarras a los productores acuícolas solamente si el producto cumple con un peso de 800 gramos. ¿Cómo saber ese dato al momento de seleccionar al pez? ¿Se pesa? ¿Afuera o dentro de agua?…

Al parecer se coloca una báscula dentro del agua y se trata de “subir” al todavía pez para calcular su gordura en el rectángulo del dificultoso objeto de metal hasta que marca una aproximada cifra.

¿Cómo se baila música electrónica dentro de un cuarto de garage sin luz con personas vestidas exclusivamente de negro, algunas trajeadas con lentes obscuros, máscaras antigás y/o  cuernos de chivo? No el arma, el chivo?

Al parecer,  los acuicultores de ocasión y los minotauros y quimeras de esta ciudad comparten en sus actividades la escurridiza necesidad de abrazar y/o actuar como si se abrazara el cuerpo de una criatura acuífera.

Abrazar, tirar, ir en búsqueda y recoger. Como la vida misma.

Las dificultades de los extraños movimientos parecería, incluyen que la criatura salga volando para ir por ella de nuevo, atraparla, arrastrarla, levantarla  y además, lograr no mirar feo al de al lado y evitarse así un pleito.

El baile de abrazar al pez o al electro, incluyó por una noche la incongruente visita de una mujer con atuendo de casi haber regresado del súper, de casi haberse metido ahí por casualidad y casi por no tener una mejor cosa por hacer.

Era probable que su presencia implicara evangelizar a aquella multitud con una sopa de verduras recién hecha proveniente del ridículo morral color rosa peligrando en el trajín que implica perseguir animales que no se dejan abrazar.

Peces, quimeras y morrales rosas.

La chica, la mujer o la señora del morral expresó su afectación desde la entrada. Le recogieron sus gotas para los ojos porque parecía un “gotero” y se dejó sellar con tinta su muñeca derecha.

La muñeca subió las escaleras de terciopelo rojo con botines y calcetas de estrellitas a juego con el extraño paquete bajo el brazo.

La que iría al súper por verduras ignoraba que el pasillo acabaría en la vitrina de las pupilas grises, entre los rostros tupidos de aretes en serie, cabezas con edificios de peinados crepé. Las gafas, los atuendos de metal y el tipo con los cuernos de chivo sobre la cabeza se ubicaban en el piso de abajo.

-Me siento observada. ¿Puedo dejar el morral en aquella esquina?

Las preguntas eran menos ridículas que las acciones.

La chica, la mujer, la señora o la muñeca enredó sin querer su pelo entre el cierre de uno de los seres inertes en la fila de las cervezas. Imposible evitar la risa de aquel grupo.

-Mínimo no fue en uno de los piercings. Susurró al oído del afectado en carcajadas de burla, el mismo humano que la había arrastrado hasta aquel supermercado abierto hasta altas horas de la noche.

***

Ya en otra dirección la paleta de colores es más natural aunque abarca todavía tres de cada uno.

Franjas perfectas rompen cuerpos de aves, ramas invisibles vuelven la dureza el lienzo más orgánico; la descripción de un material buscado con lupa e imposible de conseguir en la ciudad, en el país o en el planeta entero, una cama gris, el restirador puesto al lado, hacen que la escena de la habitación se repita.

El citadino John, el puertorriqueño Antoine, la abuela que regaña a la nieta por ser tan promiscua o bien, el mismísimo genio amante del tiburón blanco expresa sus emociones desde la exactitud del color, el trazo y la pluma Bic .

John, perseguir a Antoine, re-encontrarse a John, querer lejos y querer de nuevo cerca a la abuela. Comer un chicle en la esquina del metro con sabor a pastel de cumpleaños

Cuerpos confundidos, caminos intrincados tras el pez.

***

Otra habitación: la pareja observa a un chico en la pantalla dar instrucciones precisas sobre cómo morder  una manzana estando a dieta.

***

Complicaciones absolutas para la muñeca alterando el supermecado freak; el pez sigue vivo, está domesticado.

Tinto de verano

Ingredientes:

-Dos o más amigas.

-Vino (dicen que de cajita, pero si se entera mi papá, me quita el apellido, su regalo de 8 copas no puede ser usado de semejante forma).

-Refresco de limón.

-Manzanas verdes, porque así salió en el video.

-Una jarra. Asegúrese de tener una y no un termo para el café o el agua.

Preparación:

Comience con los últimos sucesos, por orden de importancia, los besos de hace un par de días, la propuesta laboral que la dejó pensando todo el fin de semana, las noticias de la hermana que se fue al sur a tener veinte años, estudiar y hacer playlist de fiestas. Todo ese recuento mientras corta en pequeños cuadrados, rectángulos o lo que le salgan, las dos manzanas verdes, de preferencia que estén amarillas y no verdes tal cual, así me dijo my partner in crime.

Una jarra…esto tiene pinta a florero. De vueltas en la cocina, pregunte a las personas a su alrededor.

“Es la que parece florero, pero no lo es porque tiene un asa.”

Prenda un cigarro y recuerde por qué nunca brillará en la cocina.

Creo que jodí el corcho.

Por eso siempre cedo el honor de abrir el vino a mis amigos.

Busque otro sacacorchos, rece a Dionisio, venga, sí se puede, un poco más, corcho afuera. Por más de cien pesos que sea el vino, tiene que respirar.

No recuerdo que va primero. Si las manzanas, el vino o la Sprite.

Vierta el vino porque está más cerca y la Sprite está enfriándose en el refrigerador. Siga con las manzanas, ah no, creo que van al final, (es que el chisme está bueno), saque el refresco del refrigerador y mézclelo con el vino, ahora sí, más manzanas. No entran. No importa.

Saque las copas que guarda en su caja porque no hay espacio entre las tazas. Invite a todos a su alrededor. Un Mason Jar, también aplica, pero sólo si tiene menos de 25 años.

Fruta al gusto, hielos si es necesario.

Prenda otro cigarro. Continué con el chisme y disfrute.

Foto: Eka Ríos

Esas Palabras Dulces

Foto: Eka Ríos de la serie “De la calle”

 

Que le vaya bonito, escuché mientras salía de una oficina de gobierno, pensé que le habían gustado mis piernas de shorts o mi pelo negro sin cortar, el policía abrió y cerró la puerta de vidrio a mis espaldas y me fui.

Afuera como siempre los taxistas y los coches traían las ventanas abajo con canciones obscenas a todo volumen. ¿Cómo se moldean los gustos?

Me puse a caminar sobre las banquetas donde las mujeres de mandiles a cuadros venden verduras en el piso.

Canicas de aguacates criollos,

chiles amarillos que engañan extranjeros,

semillas de girasol para el loro en la jaula  invaden las calles a mitad del día con el sol a sus cuestas.

La provincia de la que me fui hace trece años sigue siendo la misma pero empobrecida. Los gatos de la casa de enfrente de donde se fundó el Diario y de donde se lee  en la placa el nombre del bisabuelo, siguen reproduciéndose, el mercado con sus remedios obscuros y concha nácar se mantiene abierto en la misma esquina, el pan dulce que traen de Xico es rico por la manteca.

Parecería que no ha cambiado nada.

Pero la frase

“No tomes un taxi de la calle” instalada en la población desde hace seis años,

es ahora más fuerte que escucharla en la ciudad que expele contaminación para todo el mundo.

Que le vaya bonito, escuché cuando cerraba la puerta; pensé que le habían gustado las piernas iluminadas con neón del techo del auto.

Después de estar ausente por tanto tiempo uno se desacostumbra a lo que le era común y las palabras aunque iguales adquieren otros sentidos.

Mientras que en la ciudad-monstruo la amabilidad se estrella contra la rudeza de los hombres al volante, en la otra, la ahora visita extraña, se indigna con la amenaza de cuatro dulces palabras.

“Que le vaya bonito”  escuchaba con más repeticiones pero ninguna clase de entonación posible era suficiente para reeducar al oído, un oído confundido entre el barullo de palabras y músicas atiborrando ambos lados de las calles:

“Que le vaya bonito” lo dijeron en la panadería, lo pronunció  alguno que otro trabajador de obra, lo dijo la señora de la marisquería, quizás incluso lo dijeron los que me vendieron cosas en la calle y yo ni los oí.

***

Muy temprano en la mañana siete perros caminan por la calle, en la peregrinación se les juntan un gato y un par de gallinas, la manada comparte y se roban croquetas con la ambivalencia y rapidez de una feroz amabilidad.

***

A todas luces parecía que ocho días de reencuentros no bastaron para acostumbrarme. Me subí a la camioneta de las tías fumadoras. En la encapsulante carretera, la de los vidrios helados, volví a escuchar entre mi música el pequeño grupo de Ésas mordaces, suaves e idiotas adquiriendo sentido. Al final, la ciudad,

el taxista,

tú tomando a hurtadillas tu maleta,

yo,

las voces  a mi alrededor

acabaron por tararearlo en serio:

(Palabras dulces)

Que te vaya bonito.

Todas las palabras cambian.

Foto:

Eka Ríos

https://www.facebook.com/ekspiral?fref=ts

http://ojodeviento.blogspot.mx/


 

 

Una de vestidos

Hace un año terminaba de estudiar vestidos.

Al menos eso creía.

Mientras me preparo la cena, estoy en plena clase de yoga o en una reunión en la que perdí el hilo, pensar qué me voy a poner al día siguiente me tranquiliza.

Analizo la situación en la que estaré expuesta. Me olvido que mi radio de acción se limita a una oficina casi llena de matemáticos, secretarias con el ojo en un oficio y otro en el charque como diría mi mamá. Unos pisos con un par de grados más que afuera (dato que siempre tengo que tener en cuenta) y una predominancia del look casual que de vivo para vestirme, mi mantra desde hace un par de años.

Reviso el clima, recuerdo la agenda -la del correo y la que llevo en mi bolsa-, miro el cuadrado de cielo que me permite mi departamento, y si no hubo un cambio, el outfit que pensé la noche anterior, pasa a cubrirme.

Estudio las miradas de los demás, hacía donde van, por qué ahí y no allá. Algunas tienen que ser educadas y girar hacia otro lado, mientras que otras tienen que poner más que la intención.

Juego con el sonido, porque, a veces, unos tacones lejanos logran que la entrada sea más que triunfal, que sea esperada.

Ahora tengo un nuevo drama, un issue existencial, que merece un fino estudio: los anillos y aretes, que últimamente son un statement, tienen más poder que un vestido, al menos por tres segundos, porque logran fijar la mirada en un sólo lugar y ya no soy yo y mi vestido, sino que todo mi ser se limita a un anillo negro o mis aretes de cuando cumplí 25 años.

No por nada la primera mujer en convertirse en Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, tiene un libro y una exposición sobre sus broches, corrijo: sobre el poder de sus broches.

Hace un año estudiaba vestidos, hace unos meses me convertí en mi propio objeto de estudio, hace unos días, un vestido negro logró una sonrisa. 

 

Mónica

Sólo hace mucho, cuando me invitabas en sueños a pasar del otro lado de la barda y yo te decía que no porque todo parecía muy real, volvías a aparecerte en mi vida.

Hoy te escuché en el metro, Mónica. Te llamó un chico a gritos para que no lo perdieras en el vagón. Un chico que podría haberte llamado desde tu auto si alguien de los adultos que siempre nos rodeaban te hubiera hecho comprender que la vida era más que dejarse ir y perseguir a tu hermano adorado atrás de aquella pared.

Mismos síntomas físicos, Mónica, agresiones diferentes

-¿cómo lo lograste?

La papeleta del médico indicaba un estómago herido pero sólo a uno de ustedes dos el golpe de una piedra le rompió la cabeza por completo. Los Porkys todavía no estaban politizados y tú todavía no salías de la fiesta.

No sé si los viste, Mónica, pero incluso el médico fue, caminó junto a nosotros hasta tu prematuro terruño, él también estaba consternado: dos hermanos, misma edad, agresiones diferentes.

-Igual que el hermano, el estómago deshecho

le oímos decir Arturo y yo al hombre del folder.

En el cuarto de la universidad -dijeron tantas cosas-encontraron cartas y dibujos de pájaros a los que llamabas:

-Mi hermano ya viene por mí.

Y te alcanzó.

A las 10

A las 10 me da un segundo aire, el mejor.

Ya salí de la ducha, ceno más rico y me preparo un té negro con dos de azúcar como postre antes de dormir.

Hace rato que no me despierto a las 10.

Un café con dos de miel, trabajo una hora, mando un correo.

Que tenga buen fin de semana.

Alba

A las 10 me tomo mi segundo café. Mi prensa francesa, café de Veracruz y dos de azúcar, pero esta es mascabado.

Antes.

A las 10 salía de la ducha después de yoga y luego maestría.

A las 10 seguía dormida o me ponía mi antifaz para evitar el día.

Hoy a las 10 me preparé mi cena y el desayuno de mañana. No hay tesis, pero hay trabajo y muchas ideas por comenzar a dejar por aquí y por allá.

Torreón. Lo recatado que se invierte. (Lado B del vestido rimbombante)

Torreón: lugar donde el hotel se ve desde el aterrizaje. Planicie de casas que sucedió apenas cien años atrás, gracias a un conjunto de torres, se anuncia como la ciudad más joven del país, pero de torres no hay nada y tampoco de modernidad. De lo que se ve, en Torreón existen apenas escasos pasos peatonales.

Con un semáforo en permanente verde, el peatón cruza la avenida de torpedos que por su rapidez parece carretera. Hoteles, boutiques de belleza, restaurantes a los lados de las aceras imaginarias presumen sus delicias: cabrito, gorditas, chilacas, requesón, todo aderezado con música de banda que de noche prometen tequila y cerveza.

Hasta dos mil diez, la Ciudad de Torreón tenía cerca de 608.836 habitantes y con tanta planicie se esperaría que la ciudad estuviera para entonces repleta, pero pese a las promesas de diversión, las mesas con tequila y cerveza permanecen vacías hasta altas horas de la madrugada.

-Soy de Veracruz pero vengo del D.F.

Le digo a la chica que hace mis uñas, mi pelo y mi rostro; en Torreón la belleza viene acentuadamente empaquetada. La boda de la mujer, la que pedía vistiéramos de largo, fue la diversión de hermanas y primas del novio.

-En Torreón así se hace. Sentencia la que me hace el rostro cuando le pregunto si con tanto labial no parezco Guasón.

La boda se dio primero en la iglesia y al parecer, al mundo católico, le gusta mantener en todos lados a sus seguidores recatados pero en forma: párese, siéntese, párese de nuevo y vuélvase a sentar. El calor que lo corroe todo alcanzó a rodarse por los muslos y las espaldas.

La boda y su segunda versión, la de la cena y la del ejercicio de verdad, empezó después. La provincia es donde todavía un cuchillo se encarga de la lluvia de todo un cielo, la amenaza de lluvia sólo dio para chispear.

-Tómate un tequila! Exclama el otro peluquero que me ve renuente al color rosa brillante del labial y al de las uñas accidentalmente fosforescentes.

Cambio de recato.

Mujeres pavorreal anunciadas con sus vestidos brillantina se sientan en las bancas de la iglesia y de la cena también. Pero los colores chillones de sus vestidos contrasta con la tímida, en proporción, desenvoltura con la que se mueven al bailar. Con esos colores y ese carácter, se esperaría otra cosa.

Lo recatado que se invierte.

-Tú muy bien, eh! Dice la señora de negro que me ve bailar, lo fosforescente que intimidaba se apaga en la pista de baile.

Todo muy bien…

(Pero)

la fiesta

acabó

a las dos.