Tag Archives: Amigas

Tinto de verano

Ingredientes:

-Dos o más amigas.

-Vino (dicen que de cajita, pero si se entera mi papá, me quita el apellido, su regalo de 8 copas no puede ser usado de semejante forma).

-Refresco de limón.

-Manzanas verdes, porque así salió en el video.

-Una jarra. Asegúrese de tener una y no un termo para el café o el agua.

Preparación:

Comience con los últimos sucesos, por orden de importancia, los besos de hace un par de días, la propuesta laboral que la dejó pensando todo el fin de semana, las noticias de la hermana que se fue al sur a tener veinte años, estudiar y hacer playlist de fiestas. Todo ese recuento mientras corta en pequeños cuadrados, rectángulos o lo que le salgan, las dos manzanas verdes, de preferencia que estén amarillas y no verdes tal cual, así me dijo my partner in crime.

Una jarra…esto tiene pinta a florero. De vueltas en la cocina, pregunte a las personas a su alrededor.

“Es la que parece florero, pero no lo es porque tiene un asa.”

Prenda un cigarro y recuerde por qué nunca brillará en la cocina.

Creo que jodí el corcho.

Por eso siempre cedo el honor de abrir el vino a mis amigos.

Busque otro sacacorchos, rece a Dionisio, venga, sí se puede, un poco más, corcho afuera. Por más de cien pesos que sea el vino, tiene que respirar.

No recuerdo que va primero. Si las manzanas, el vino o la Sprite.

Vierta el vino porque está más cerca y la Sprite está enfriándose en el refrigerador. Siga con las manzanas, ah no, creo que van al final, (es que el chisme está bueno), saque el refresco del refrigerador y mézclelo con el vino, ahora sí, más manzanas. No entran. No importa.

Saque las copas que guarda en su caja porque no hay espacio entre las tazas. Invite a todos a su alrededor. Un Mason Jar, también aplica, pero sólo si tiene menos de 25 años.

Fruta al gusto, hielos si es necesario.

Prenda otro cigarro. Continué con el chisme y disfrute.

Mujeres

Me intrigan y me gustan las mujeres. Creo lo anterior porque soy inmune a ellas, no pueden herirme en la peor forma que conozco, el desamor. Así que puedo acercarme a verlas de cerca y a lo lejos. Me intrigan y me gustan porque siempre me pregunto si acaso algún día me veré como yo las veo a ellas, hermosas, inteligentes, cambiantes y estables; contundentes. Sólo las extrañas me producen esa fascinación, mis amigas son en las que me reflejo y por lo tanto no me evocan tal intriga. Las mujeres desconocidas, aquellas que me sorprenden por femeninas son las que me deslumbran porque dentro del remolino logran lo trivial. Se  pintan uñas, se ponen crema, huelen a perfume o a talco, si hace calor usan falda, visten telas ligeras, se ponen pulseras o collar, varias usan anillos. Todas están despeinadas por lo que va del día, se dejan libre el cabello. Sudan. Se pintan los ojos, se tatúan la espalda o usan tres piercing. Van comiendo una galleta por la calle.

Yo me siento ajena.

No me pinto las uñas, mis piernas se pegan entre ellas, no uso collares tampoco perfumes o talcos, apenas y me pinto la línea de los ojos y mi maquillaje es mi bloqueador de sol. Pero soy mujer.  ¿Qué es lo que nos vuelve ‘femeninas’?

¿Por qué veo ese ‘femenino’ en ellas y no en mí?

¿Cómo se resuelven?

Me gustan las mujeres porque me gusta imaginar que  ese torbellino a lo lejos, desde afuera, admirada por otros, también soy yo.