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Despeinada

Alguna vez leí que un corte de cabello si es drástico, implica cambios.

Desde hace un año está en crecimiento. Lo cual no resultó tan fácil.

Dejé de usar shampoo y cremas del supermercado, me fui a lo orgánico y más caro, que sí tuvo un buen efecto, pero no por mucho tiempo.

El cabello creció y así juntos nos enredamos.

Recurrí a técnicas del pasado, a peinarme en la ducha, a usar diferentes shampoos, incluso pensé en dejarlo de usar, pero no, mi cabello es muy grasoso.

Consideré en comprar uno de esos peines que planchan el cabello, los vi, pero no, esa no soy yo….aún no.

Me acostumbré a su constante caída, a su desteñido naranja y a su delgadez.

Sí lo amarro, sí a la cola de caballo, sí a las pirañas, pero también lo dejo ser, quiero que crezca y con el tiempo se haga fuerte. Con el shampoo que compré en una barata y con el peine que me recomendaste, funciona, aunque cada tanto lo tanto lo tengo que limpiar, porque a diferencia de los anteriores, este no esconde la suciedad.

El cabello crece, mis problemas también, y así los tiño, los enredo durante el día o entre sueños y al final sé como desenredarlos: cierro los ojos, batallo con los nudos, tarareo la última canción que sonaba al apagar la ducha, tiro los cabellos y sólo me quedo con los que quieren ser.

4.661

Hace varios años me corté mi cabello casi por debajo de las orejas y así lo mantuve hasta hace un par de meses que decidí regresar al largo.

Lo pintaron de chocolate, de casi negro, pero no tanto y una vez café oscuro en un intento fallido de regresar a “lo natural”.

Como fiel lectora de revistas, siempre he leído que un corte de cabello es símbolo de una ruptura y que se recomienda porque es una forma de dejar ir.

Yo no sólo dejé ir, sino que deje que llegaran otras cosas, maestría, nuevas amistades, fiestas, viajes y queveres.

Ahora lo dejo crecer, lo dejo suelto -mi muñeca extrañará la liga negra y mi bolsa la piraña- y creo que también me dejo ser mi versión favorita: Rojo 4.661.