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Fatima

El Brunch

Sábado, fuimos a comprar todo lo que necesitábamos para el brunch del domingo. El mismo día nuestra madre se fue a Marruecos y un aire de libertad sopló en la casa. Este Brunch lo hicimos en el salón, une territorio sagrado para ella. Cocinamos toda la mañana del domingo como si fuera un restaurante para celebrar el cumpleaños de la amiga de mi hermana. 

Cocinamos y adornamos el salón con mucho cuidado para no ensuciar este templo que mi madre protege como si su vida dependiera  de la limpieza de este cuarto. Contamos chistes sobre lo que hubiera dicho al vernos aquí, en su hermoso salón.

Desde pequeña mi madre nunca le gustó que entráramos en esta sala que atesora como su vida.

Tiene tan desarrollada su memoria que cualquier mínimo cambio en el salón lo nota. Cada mañana hace una inspección dentro de la sala y pregunta “¿Quién hizo esto?” o “¿Quién comió aquí?”

Mis hermanos y yo hacemos chistes para saber por qué tanta pasión para este salón. Quizás esperaba la visita del rey de Marruecos o quizás, la visita inesperada de alguien y así mi madre, con su salón perfecto haría hacer notar la limpieza y el orden de este su salón.

Pasamos el día entero de brunch con los reflejos de los objetos que lo adornan viéndonos festejar. En este mismo salón nuestra madre ha sido generosa con su hospitalidad con  sus amigos, familiares, hijos y a extranjeros intachables. Y esto también lo heredamos de ella.

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Constanza

Los Mazzotti

Tomé la llamada con una invitación a escribir sin saber que iba a tener que investigar sobre la misma caja de Pandora. La coloqué en mi escritorio. Pasó ahí la noche, la miré, la dejé reposar. A la tarde siguiente decidí abrirla, tan abierta como las mismas bisagras permitían dejar salir preguntas como callejones sin salida.

Escribir sobre una familia es difícil, mucho más si no hay nadie a quien preguntar esos detalles que provocan o estancan los giros de tuerca a las dudas que parecen ir a ningún lugar y que carcomen con heridas y dudas.

A lo largo de pocas semanas abrí tantos archivos, busqué en bibliotecas, pedí favores, leí una y otra vez las memorias de mi abuelo como me lo permitían las fuerzas que me daba el poder llegar a contar esta historia. 

Invité a mis sueños a mis antepasados que ahora llamo con cariño “Mis Mazzotti” que trajeron a cuestas herramientas de trabajo en complicados viajes en barcos en los que cruzaron varias veces el Atlántico para llegar a México.

Las vías para llegar y salir de Coreglia Antelminelli, el pueblito italiano de donde salieron los Mazzotti a buscar nuevas oportunidades por sobrevivir hacia América son difíciles incluso en este siglo. Imaginar cómo hicieron en ese entonces para salir de ahí cuatro de ellos a finales del siglo XIX me provoca angustia de tan sólo pensarlo.

La historia de “Los Mazzotti, Una familia de marmoleros en México. Siglos XIX y XX» forma parte del libro Arquitectos y artistas en la diáspora italiana en Latinoamérica de la editorial italiana Aracne, a cargo del Dr. Martín Checa-Artasu y la Dra.Olimpia Niglio quien a su vez se encuentra a cargo del proyecto “Italian Diaspora in the world”. El libro contiene dieciseis textos sobre arquitectos, escultores y pintores que migraron en su momento de Italia a Latinoamérica y cuya herencia biográfica, arquitectónica y cultural se ve reflejado en el legado histórico y cultural de los países que conforman esta región del continente. De igual forma, muchas de esas historias nunca habían sido visibilizadas hasta ahora, tal y como sucedía con la historia de los Mazzotti.

El artículo está escrito a dos manos compartiendo autoría Humberto Mazzotti y su nieta, quienes retratan a sus familiares italianos dedicados al mármol provenientes de Coreglia Antelminelli cuyos primeros registros indican que llegaron a México entre 1890 -1892 y la vida que se forjaron en este país ejerciendo su oficio durante la época del Porfiriato (1877-1910) y de la Revolución Mexicana (1910-1924). 

La historia de los Mazzotti ha sido para las nuevas generaciones de esta familia un relato entretejido entre alegres bullicios y a bajas luces. Esto porque en un inicio, la historia resultaba demasiado incómoda y lejana como para lograr asirla detalle a detalle. Tantas mudanzas, cambios de lugares de residencia de los antiguos Mazzotti ensombrecían las palabras que el abuelo dedicaba en cada efervescente reunión familiar. 

El artículo, además de visibilizar, desmitifica y honra una historia familiar, que no solamente migró, sino que forjó, con su trabajo de piezas religiosas para monumentos, iglesias y tumbas parte de la riqueza cultural del México moderno.

Es ahora cuando comprendo por qué Humberto padre y abuelo decidió redactar las memorias que van desde los recuerdos de los Mazzotti llegando a México, pasando por la vida de su padre luchando en el cuerpo militar de la División del Norte hasta las razones de su entrada al ejército mexicano; todo este relato, redactado en un cuadernillo de 81 páginas que entregó a cada una de sus tres hijas.

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Constanza

Buscar

Abrir un cajón, revolver varios papeles, escribir a los amigos para ver si entre los WhatsApp aparece, pero nada de eso funciona. 

En cambio, hacer un café justo antes de que amanezca, poner la mente en blanco y ahí está. Una caja tirada hace tres meses por pensar en que era basura te avisa desde la última imagen que mantienes de ella siendo empacada en una bolsa negra, que era ahí, o al menos, eso es lo que las falsas memorias hacen creer y es, hasta ese momento que se empieza a sufrir.

Los de espíritu combativo comenzarán todo y al instante desde el inicio, todos los documentos, trámites y recuerdos que se guardaban en esa caja se reconstruirán, buscando formas de recolección entre amistades que te regalen una imagen parecida a la fotografía, se pagará por los documentos que deban de emitir las oficinas, se buscará ayuda profesional para recuperar las claves de SAT.

Los de espíritu dócil dejarán ese mismo café, cerrarán nuevamente los ojos, apagarán las alarmas y volverán a dormir anestesiados en un “que todo fluya”. Enfrentarán la búsqueda al tiempo en que se presente la necesidad de cada documento no sin antes maldecir la ligereza con la que le dijeron “adiós” a esa “pila de “basura”.

Los papeles del SAT lo resolverán los contadores, a la falta de otros documentos se les agregará un ligero “pues creo que ahí tenía una copia” y las fotografías se recuperarán cuando “ya que nos volvamos a ver”.

Pero la vergüenza de haber tirado una caja con los papeles más importantes a la basura porque se les creía una “pila de papeles sin importancia” permanece en ambas formas de buscar.