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Constanza

Las miradas que regresan

(sobre ser estudiante)

Toda mi vida he sido estudiante. Ser estudiante en un país donde, al menos desde un imaginario maravilloso, la investigación a los treinta años es pensada como si uno siguiera con la tabla del cinco, representa un reto cuando acudes a cualquier ventanilla con una credencial.

Se lee “Estudiante” y es probable que, hacia el inicio de la segunda sílaba, los lápices de colores vayan apareciendo en la mente del interlocutor y dibujen la serie finita de adjetivos con los que nos suelen asociar. 

Finita porque su interés hacia la persona con la credencial se pierde cuatro sílabas después, creo, derivado de la ahora pesadez con la que es llevado a cabo el trámite; pasamos a ser para el “del mostrador” como alguien quizás, no sabría decirlo con exactitud, poco serio o que vive a costa de algún obscuro financiamiento. 

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En otros sitios no es tampoco distinto, recuerdo que cuando era joven y de “edad estudiantil” mis mejores seguidores eran los vigilantes dentro del súper, los bibliotecarios, en la rampa de salida, creían que me robaba libros y, al tramitar mi credencial para los préstamos, la señorita de la ventanilla decidió que mi apellido sería López Hernández, porque “era más fácil de pronunciar”.

Así que de adjetivos se van juntando, por lo menos, dos; y de la misma forma nosotros, los eternos imberbes nos hemos juntamos una idea de quiénes son aquellos que, no sólo detrás del mostrador, pero al saber a qué nos dedicamos, nos miran de reojo. 

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Hoy veo una cápsula informativa sobre la participación de las mujeres en el movimiento del 68. Me recuerda a Bolonia, a la logística que llevaban las mujeres antifascistas en la organización bajo el agua más importante de toda Italia para sabotear al régimen; en ambos escenarios, tales movimientos de justicia no se habrían podido culminar sin su participación.

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Una mañana antes del dos de octubre leo que de pronto desaparecieron unos fideicomisos, leo que ahí vienen centros de estudio a los que pertenecen algunos colegas. Creo que para este entonces y para esta hora las miradas brincan por todos lados suspicaces.

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